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Sir Ronald Cohen en La Tercera

El inglés que está cambiando el mundo: Sir Ronald Cohen

Por La Tercera, María Angélica Zegers, presidenta de Fundación Impacta. 27 de agosto de 2017.

A sus 72 años, es considerado el padre de una de las grandes revoluciones del siglo XXI: las Inversiones de Impacto. Un sistema que mueve el eje tradicional del capitalismo, desde la generación de riqueza a la generación de valor económico y social, y que en Chile se está impulsando de la mano de Fundación Impacta.

Eran los albores del siglo XXI cuando Sir Ronald Cohen recibió un llamado del Ministerio de Hacienda de Inglaterra. A Cohen lo precedía su fama de genio de las finanzas, después de que en los años 70 diera vida en Europa a la Industria del Capital de Riesgo (en inglés, Venture Capital). Pero ahora, la administración de Tony Blair le ponía por delante un desafío mayor: diseñar un modelo que permitiera aumentar radicalmente la capacidad de Inglaterra de generar riqueza, crecimiento económico, empleo y mejores condiciones sociales para los sectores donde existía menor inversión, los más vulnerables.

Cohen no le temía a los riesgos, y aceptó. La vida lo había entrenado para ello desde pequeño: a los 12 años fue expulsado de su natal Egipto, tras la persecución de los judíos en la llamada Crisis de Suez, y tuvo que comenzar una vida en Inglaterra – con un patrimonio familiar de 10 libras -, lo que, sin duda, marcó su carácter.

Por eso, al recibir el mandato del gobierno inglés, no dudó en hacer una propuesta tan radical como inesperada: mover el eje tradicional del sistema capitalista, centrado en la generación de riqueza, a la generación de valor económico y social, en términos reales y tangibles. Para ello, diseñó un modelo que por estos días se considera una de las grandes revoluciones globales: las Inversiones de Impacto. Una revolución con una ola expansiva de tales dimensiones que hay quienes apuntan a Cohen como merecedor del Nobel de la Paz.

La Nueva Economía: la economía de impacto social

La idea de Cohen era, por decirlo menos, disruptiva. Suponía conectar capital privado con innovadores que demostraran buenas soluciones para los grandes problemas sociales. De ahí surgiría un nuevo sector productivo que se enfocaría en las personas más vulnerables. En sus propias palabras, había que

conectar mejoras sociales medibles (en áreas tales como salud, educación, desempleo juvenil y reincidencia criminal, entre otras) con retorno financiero, permitiéndoles a los gobiernos atraer recursos para cubrir demandas sociales.

En el plan de Cohen, los gobiernos contarían con soluciones innovadoras y probadas que les permitirían enfrentar demandas sociales con mejroes resultados, reuniendo virtuosamente a distintos actores de la sociedad. Cada uno con un rol diferente, pero todos piezas clave para que el cambio de paradigma propuesto por Cohen se hiciera realidad.

Por eso, con la misma fuerza con la que se reinventó al salir de Egipto, Cohen se plantó frente a los principales representantes del sistema financiero – bancos, fondos de inversiones, fondos de pensiones, compañías de seguros y personas de alto patrimonio – y los convenció de invertir en un sector que hasta entonces era lejano: la creación de servicios y productos para personas de escasos recursos, a las que el mercado de capitales había dejado de lado.

Ustedes pueden mejorar billones de vidas y, al mismo tiempo, recibir retornos financieros interesantes, sobre todo porque se trata de inversiones con un menor nivel de correlación con los ciclos financieros y de negocios,

fue el mensaje de Cohen.

Líderes alrededor del mundo empezaron a explorar las inversiones de impacto desde sus distintas posiciones políticas: desde Blair a Cameron, desde Obama a Hollande y Macron, incluso al Papa Francisco. Y cada uno de ellos comenzó a enarbolar la bandera de la creación de esta “nueva economía”, que ayudaría a subsanar las dos mayores complejidades que, a juicio de Cohen, enfrentan hoy los gobiernos alrededor del mundo:

El creciente aumento de las tensiones sociales, producto de una mayor desigualdad de ingresos, que deja permanentemente atrás a los sectores más vuñlnerables; y la dificultad para aumentar los presupuestos sociales, que ha generado una proliferación de las problemáticas sociales, perpetuando el ciclo de pobreza y los malos presagios a las futuras generaciones.

Cohen, el rockstar

Hoy, a casi 20 años del llamado del gobierno inglés, Cohen es un rockstar que ha demostrado que se puede cambiar el mundo. Porque vaya que ha podido: además de Inglaterra, hoy países como Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, México y Argentina, entre muchos otros, ya son parte de la nueva economía de Cohen.

De hecho, gobiernos como el inglés han hecho grandes esfuerzos por incentivarla.

Aquí existen beneficios tributarios para las inversiones en Contratos de Impacto Social, también un Fondo Gubernamental de Pago por Resultados; y se han hecho cambios regulatorios para entusiasmar a los filántropos con las inversiones de impacto,

comenta, y agrega que otras de las iniciativas que Inglaterra ha impulsado en estas materias ha sido

liberar de recursos provenientes de acreencias bancarias para establecer un fondo público privado que invierta en temáticas sociales; la publicación de los costos para el país de más de 600 problemáticas sociales, y la creación de un grupo de trabajo para impulsar las inversiones de impacto en el G8

Estados Unidos y Japón también están acelerando la creación de un ecosistema que favorezca las inversiones de impacto. El Tesoro Americano, por ejemplo, estableció una serie de medidas regulatorias que permiten que los fondos de pensiones y grandes fundaciones filantrópicas participen en inversiones de impacto. Japón, por su parte, recientemente decidió liberar, con ese fin, U$ 900 millones anuales provenientes de acreencias bancarias.

Grandes éxitos, pero Cohen va por más. A su juicio,

aún falta que algún gobierno quiera tomar el rol de promotor de las inversiones de impacto a una escala lo suficientemente grande como para generar mejoras sustanciales reales en la vida de quienes más lo necesitan.

¿Cuánto falta para que la nueva economía sea una realidad en todo el globo terráqueo? Cohen piensa que toda innovación financiera, y particularmente una como la inversión de impacto – que involucra un cambio de mentalidad -, requiere de un par de décadas o más para transformarse en un negocio convencional. De hecho, estima que el GSG alcanzará su punto de inflexión en 2020.

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